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No es la primera vez que...

"No es la primera vez que..."

Nuria

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mayo 3, 2017

DepresiónEstigmaFamilia

No es la primera vez que dejo un testimonio aquí. Hablé de mi mamá y lo dura que fue su enfermedad y eventualmente lo duro que fue para mí verla fallecer.

Esta vez toca contar mi historia. La cuento por si le sirve a alguien que esté sufriendo lo mismo que yo o quizás más.

Como dije, desde los 14 años me diagnosticaron distimia y depresión mayor. La psiquiatra de aquellos días (ojalá la pudiese encontrar) fue extraordinaria. Es verdad, es poco usual que una adolescente llegue a tomar cuatro pastillas diarias por prescripción médica. Pero todo se había ido de mis manos hacía algún tiempo y aprendí qué es ese hoyo profundo, negro, desolador en el que uno simplemente cae. Y cae y sigue cayendo sin tener de qué sujetarse para detenerse. La depresión es una espiral. Una vez que entras a ella, todavía es posible salir. Una vez que te hayas metido lo suficiente en ella, salir parece prácticamente imposible. Hacerle entender al mundo que es una enfermedad como cualquier otra y no que “estás tiste o sensible” es entre lo más molesto y lo más frustrante del mundo. Nadie te cree.

Atentar contra la propia vida es más difícil de lo que cualquiera (que no haya estado en esa situación) puede siquiera imaginar. Piensas de todo. Si estará bien, si de verdad es la única salida, si quieres seguir enfrentándote a eso que tanto te atormenta o prefieres la paz y el descanso. Lo intenté dos veces cuando era joven. Una a los 14 y una a los 16. Queda evidenciado dado que tengo 27 que no funcionó. La primera vez me encontraron a tiempo y la segunda vez, quizás es mejor no dar detalles de por qué no funcionó. No vine a darles ideas.

A los 22 me detectaron también epilepsia no convulsiva. Para resumirles lo que ocurre en mis ataques, me quedo sencillamente en blanco un momento y ese momento no existió nunca para mí. Yo ya sabía que tenía que lidiar con mi vieja amiga o enemiga, la depresión y ahora sabía que tenía que lidiar con la epilepsia. Y hay un problema con ello. Resulta que los fármacos que controlan la epilepsia, generan que cualquier persona mentalmente sana, tenga episodios de alguna enfermedad y agrava terriblemente los de una que ya las tiene. Entonces empieza una danza brutal entre medicinas que necesitas para ti y otras para que se compensen entre sí. Todo carísimo. Todo fuera del presupuesto de cualquiera. Todo lejos del alcance de la mano.

Mis demonios andaban bajo control. Un tiempo. De vez en cuando tienes que aprender a vivir con lo que no te gusta, es parte de esta rutina medio cruel que no se le desea a nadie. Pero como todo prisionero, quería escapar. Y lo logró. Y lo volví a encerrar mil veces. Cuando perdí un bebé, cuando me acusaron injustamente de lo que no hice, cuando pelee con mamá, cuando le dieron los ACU, cuando falleció. Todo enterrado y encerrado, para no liberar al monstruo.

Muy tarde. Tardísimo. Se había escapado sin que yo lo supiera. Y no lo acepté hasta que era muy tarde dentro de la espiral. Luchando contra todo esto, termina mi relación de cinco años. Ni siquiera porque no nos queramos más. O no sintamos lo mismo. Percances de esta vida que es la única auténticamente loca.

Y sí. Ganó. Claro que ganó la batalla porque ni siquiera me atreví a librarla. Me rendí antes de comenzar siquiera. Miré mi propio reflejo y vi tanto enterrado sin resolver. Tanto que no quería aceptar o volver a ver, a reconocer que nunca superé nada. Solo lo escondí en un baúl o bajo la cama. Y me vi sola. Y me sentí sola y más débil de lo que no me había sentido jamás. Y lo supe. Supe que no iba a poder con todo eso y menos aún quería hacerlo.

Era demasiado. Demasiado para mí y mi soledad. Demasiado para mi angustia. Demasiado para lo débil que estaba. Entonces todas las ideas que nunca se van. Porque tengan esto claro: una vez que crees que puedes renunciar a la vida, lo creerás mil veces más. Por eso es importante buscar ayuda. Nadie dice que se tiene que ir contando lo que en realidad sucede. Desahogarse de a pocos con distintas personas. Si es posible, ante algún médico.

Como resulta obvio, yo no lo vi de esa manera. Dejé cartas para varias personas. Varias. A veces despidiéndome, otras reprochando, otras sólo haciendo preguntas. A mi gran amor no podía escribirle. No sabía qué decir. Una noche en medio de la bruma mental caminé como diez cuadras y lo supe.

Esa era mi última noche. El método lo había elegido hacía mucho. Pero faltaba poner las cosas en orden. Siempre hay que dejar todo en orden. Lamenté no haberlo abrazado una última vez y no quise llamarlo porque no quería que pensase que era ningún tipo de llamado de atención. Resulta que paradójicamente un tema de mi propia herencia hizo que mi mejor amigo descubra qué pasaba. Llamó a la policía, estuvo conmigo hasta las cuatro de la mañana, asegurándose que me duerma.

Al despertar decidí que por él, por mí, porque había conocido el más abrumador de los pozos sin fin, tenía que levantarme. Volví a la medicación, pedí cita con los médicos que abandoné y si bien todos mis planes de vida y mis sueños serán por siempre eso, solo sueños, resolví ser más realista.

Dejé de soñar y me puse metas. No. No esperen un final feliz. Sigo peleando todos los días. Salir de mi casa, de mi cama, es realmente un suplicio. Rodearme de gente no es sencillo. Saber que te tienen lástima no es sencillo. Pero aquí estoy. Mirando de frente mi pasado y entendiendo que es un error “pretender estar bien”. O estás bien o no lo estás. Fingirlo es una bomba de tiempo.

Y no, no es que crea que haya otra salida. Si de salidas hablamos, terminar conmigo misma es la única salida. El asunto es aprender que no siempre puedes escapar del dolor. No siempre necesitas una puerta de salida. A veces tienes que aceptarlo, sufrir lo que tengas que sufrir y en algún punto dejará de doler de verdad. O eso dicen. Si alguien desea comunicarse conmigo o hablar de esto, está mi correo. Es por ello que no lo hago anónimo ni me avergüenzo ni un minuto.

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Karol Valencia
Karol Valencia
hace años 8

Me encantaría hablar contigo, yo tengo TLP pero empiezo a creer que los síntomas se han agravado y soy borderline estoy ahorrando para hacerme los estudios que determinen mejor que es lo que tengo. Un abrazo fuerte y mi correo es karol.valencia@ucsp.edu.pe