Era un tabú hablar de salud mental frente a mi padre, lamentablemente, tenia una visión muy cegada de lo que era los tratamientos psicológicos por el estigma social que vinculaba para él un transtorno de capricho.
Con el divorcio de mis padres y el transcurso de mi adolescencia, mi madre y mi nana comenzaron a llevarme a tratamientos psicológicos por la ansiedad que presentaba.
Poco a poco comenzaron a pedir que la terapia sea familiar.
Sin embargo, mi padre se negaba por el estigma que traía.
A los 15 años presentaba procedimientos quirurgicos y tratamientos por tener endometriosis que me iban a acompañar por unos largos años. Es así que presentando la enfermedad, mi ansiedad comenzó a hacerse un monstruo más grande que mi propio ser y de una u otra manera, ese monstruo asustó a mi padre.
Dando como resultado el poder asistir a terapias familiares.
Tuve las terapias hasta los 22 años, aproximadamente, y con ello un tratamiento psiquiatrco del metodo gestalt.
Mi monstruo se iba opacando y yo podía ver que el tratamiento era lo único que me apoyaba.
Sin embargo, por querer una cura rápida solo tuve un año de tratamiento mientras que mi psicólogo me dio de alta.
Hace dos años tuve momentos muy delicados en mi familia que hicieron revivir al monstruo y no pude purgarlo como pensaba.
Es ahí que busque apoyo en mi centro de estudio y me derivaron con un psiquiatra, el cual ya tengo un año y medio de tratamiento y aún sigo en este camino lleno de estigmas, pero sobretodo lleno de tranquilidad para mi vida.
Gracias a mi psicoanalista, el costo del precio de lo bueno no es tan alto. Si de vez en cuando siento que me lleno de hormigeo como un escalofrío, pero son las pastillas, más no me provocan letargo o opacan mi personalidad. Tengo una vida de muchos retos y circunstancias que puedo afrontar se mejor manera.
Tengo que agradecer el haberme puesto a profesionales muy aptos en mi vida que velan por que mi tratamiento sea óptimo y sobretodo mi vida sea llena de normalidades, como diriamos.
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